¿Es realmente una mala idea?

Un cliente tiene una idea que sabes que, simplemente, no funcionará. ¿Y ahora qué? ¿Cómo conseguir que abandone esta idea?

Pero … ¿Es realmente una mala idea?

Sólo porque no aprobamos la dirección que está tomando el proyecto, no significa necesariamente que sea la dirección equivocada. Para poder responder a esta pregunta de forma efectiva, hay que ser completamente objetivo a la hora de gestionar las peticiones del cliente.

El cliente “probablemente” conoce su público mucho mejor que tú, interactúa con él a diario y sabe lo que quiere. Pero imaginemos que las evidencias nos dicen que el cliente está equivocado. ¿Qué podemos hacer entonces?

Primeramente, valorar el grado de importancia de la idea y sus posibles consecuencias. Hay ideas que, a pesar de ser equivocadas, son ideas por las que vale la pena ceder. Hay ideas que responden al proyecto de tu cliente y a las que no tiene sentido renunciar. Sabemos que seguramente este mensaje no será suficientemente relevante, o potente, o creíble, pero es una idea ‘innegociable’ para tu cliente.

Tanto si la idea responde a la táctica o a la estrategia, o si las evidencias te dicen que es una idea equivocada, las opciones son dos:

  1. Evaluación de riesgos.

Informar al cliente sobre cada una de las consecuencias que podrá generar su idea y prepararse para responder ante los posibles resultados negativos. Como consultores no obligamos, asesoramos. Es nuestra obligación explicar todos los escenarios posibles posteriores a una acción comunicativa determinada.

¿Cómo hacer la evaluación de riesgos?

– Utilizando datos y estudios de caso para apoyar nuestra posición

– Hablar el lenguaje del cliente y ser directo

– Entender las motivaciones de la idea del cliente

Si, a pesar de todo, nuestro cliente no recapacita, sólo nos queda la segunda opción:

2. Objeción de conciencia.

Una vez informado sobre las consecuencias que podrá generar su idea; y como estas pueden dinamitar tanto su imagen como nuestra reputación profesional, renunciar al proyecto se tratará de la opción más radical pero, a veces, la más acertada. Es importante ejercer la libertad de “decir que no”.

A lo largo de nuestra carrera profesional, posttuit ha encontrado en esta dicotomía de hacer algo en lo que no creemos o renunciar a un proyecto. Por poner un ejemplo, no consideramos ética la guerra sucia (no confundir con campaña negativa) y hemos renunciado a proyectos importantes por este motivo. Es nuestra forma de entender nuestro trabajo y, al igual que muchas de las ideas de nuestros clientes, esta también es irrenunciable.