De lo tradicional a lo digital

Hoy os hablaremos sobre una de las herramientas más útiles para gestionar cualquier tipo de proyecto (personal o profesional) y, sobretodo, un gran aliado para el marketing de contenidos.

Muchas compañías en todo el mundo ya lo usan desde hace tiempo, ya que facilita la visión global de un proyecto, però también funciona para pequeños negocios o a nivel individual.

Si aún no sabes de qué estamos hablando, tienes todo un mundo por descubrir. Se trata de Trello, un software de gestión de proyectos que puedes usar directamente en tu navegador web o en su app para dispositivos móviles.

  

Sistematizar y simplificar, esa es la clave de Trello. La demostración de que un concepto tradicional (post-its) puede convertirse y adaptarse a la era digital.

Con una interfaz simple y elegante, y con características muy potentes y flexibles, es una herramienta visual, intuitiva y muy fácil de usar, ¡y además es gratis!

Tiene tres componentes básicos, que forman la base de su funcionamiento: un tablero, listas y tarjetas. Dentro de un tablero, las listas están dispuestas de manera horizontal de modo que puedas apreciar, de un vistazo, todo lo que hay en tu proyecto.

   

Dentro de estas listas, encontramos las tarjetas, la parte más detallada de todo este engranaje. En ellas, puedes agregar imágenes, enlaces, miembros de tu equipo, etiquetas, listas, fechas e infinidad de cosas más.

Por si fuera poco, también te permite activar un ‘modo calendario’ para obtener una visión más temporal, muy útil para visualizar plazos, vencimientos y “deadlines” del proyecto.

    

Además, los tableros pueden almacenar una gran cantidad de información y, gracias a eso, puedes adaptar todo tu flujo de trabajo en un solo tablero.

Todo esto son solo algunas características básicas de lo que puede ofrecer esta herramienta. Si quieres saber cómo sacarle el máximo partido, atento a sus recomendaciones (con tour virtual incluido): https://trello.com/tour

Además, Trello tiene una lista de ‘Tableros Inspiracionales’ por si te faltan ideas.

¿Qué herramienta/s utilizas tu para organizar tus proyectos?

¿Es realmente una mala idea?

Un cliente tiene una idea que sabes que, simplemente, no funcionará. ¿Y ahora qué? ¿Cómo conseguir que abandone esta idea?

Pero … ¿Es realmente una mala idea?

Sólo porque no aprobamos la dirección que está tomando el proyecto, no significa necesariamente que sea la dirección equivocada. Para poder responder a esta pregunta de forma efectiva, hay que ser completamente objetivo a la hora de gestionar las peticiones del cliente.

El cliente “probablemente” conoce su público mucho mejor que tú, interactúa con él a diario y sabe lo que quiere. Pero imaginemos que las evidencias nos dicen que el cliente está equivocado. ¿Qué podemos hacer entonces?

Primeramente, valorar el grado de importancia de la idea y sus posibles consecuencias. Hay ideas que, a pesar de ser equivocadas, son ideas por las que vale la pena ceder. Hay ideas que responden al proyecto de tu cliente y a las que no tiene sentido renunciar. Sabemos que seguramente este mensaje no será suficientemente relevante, o potente, o creíble, pero es una idea ‘innegociable’ para tu cliente.

Tanto si la idea responde a la táctica o a la estrategia, o si las evidencias te dicen que es una idea equivocada, las opciones son dos:

  1. Evaluación de riesgos.

Informar al cliente sobre cada una de las consecuencias que podrá generar su idea y prepararse para responder ante los posibles resultados negativos. Como consultores no obligamos, asesoramos. Es nuestra obligación explicar todos los escenarios posibles posteriores a una acción comunicativa determinada.

¿Cómo hacer la evaluación de riesgos?

– Utilizando datos y estudios de caso para apoyar nuestra posición

– Hablar el lenguaje del cliente y ser directo

– Entender las motivaciones de la idea del cliente

Si, a pesar de todo, nuestro cliente no recapacita, sólo nos queda la segunda opción:

2. Objeción de conciencia.

Una vez informado sobre las consecuencias que podrá generar su idea; y como estas pueden dinamitar tanto su imagen como nuestra reputación profesional, renunciar al proyecto se tratará de la opción más radical pero, a veces, la más acertada. Es importante ejercer la libertad de “decir que no”.

A lo largo de nuestra carrera profesional, posttuit ha encontrado en esta dicotomía de hacer algo en lo que no creemos o renunciar a un proyecto. Por poner un ejemplo, no consideramos ética la guerra sucia (no confundir con campaña negativa) y hemos renunciado a proyectos importantes por este motivo. Es nuestra forma de entender nuestro trabajo y, al igual que muchas de las ideas de nuestros clientes, esta también es irrenunciable.